lunes, 26 de junio de 2017

TRABAJO DE LA DERIVA

Pintura de Fernando García Ponce, cogida de Pinterest





TRABAJO DE LA DERIVA




Al fondo de la sangre hay eternidades inundadas de sueños: todo lo humano nunca deja reconciliar los ojos siempre es la suma desbordada de lo pétreo que aun preserva la vigilia el rostro irremediable de la lluvia los retratos de familia descoloridos por el tiempo quizás aquellos senderos de polvo duros al contacto con las ojeras conviene ahora afrontar todas las cerraduras los exilios de hastío a los que uno está sometido releer sobre el filo del puñal los viejos afanes de las parábolas y las fábulas lo despiadado que resulta el resplandor en una reja oscura describir la sensualidad de un rostro infame morder religiosamente los discursos del gobernante de turno y su bien amada lengua de deseos mientras se piensa en la ventura de los buenos designios el mundo es una diversión para arrojarse en la rueda de caballitos o repetir de memoria la mímesis solo es cuestión de tiempo para encajar bien los colmillos desde luego los impulsos anegan de lluvia esa agua ahogada en la autoinmolación: con todo se acrecienta el hambre y se desploma la pluralidad de las ideas detrás de la ceniza hay una maquinaria que permea la conciencia más allá de cualquier despojo y lo gastado del grito tenemos una joya limpia muriendo a pausas una eternidad casi astronómica un cálido cielo de planicies…
Barataria, 2017

domingo, 25 de junio de 2017

ANFITEATRO

Pintura de Gerard Richter, cogida de Pinterest






ANFITEATRO




Es difícil recorrer la ruina de los sueños y juntar en un solo respiro todas las dudas y las lluvias continuas de las semanas atreverse en rigor a gozar los desvelos la rosa desmayada de la brasa y el anfiteatro del frío:   como una llama inextinguible la sed nos escucha hasta un tiempo derramado de disueltas palabras a veces no es el espejo sino la piedra la que nos espera en la otredad y nos devuelve al tiempo andado en algún lugar de lo remoto se escucha el sabor amargo de los gritos y el fermento de las ondulaciones de la historia: hay muchos golpes de pecho como algunos manuales en desuso: odio cierta retórica con brazaletes y toga y las desgracias de nunca llegar a la tierra prometida: a diario me encuentro con la avidez del emporio y su espectáculo casi poético nada ha cambiado (salvo los actores) desde aquel verso de Pedro Geoffroy Rivas: “Hoy la patria es un amargo dolor inexplicable” es como si cada una de las huellas se hubiesen petrificado en la gota de semen de la oscuridad pero la Patria es la dura lágrima de mi rostro el árbol de mi asfixia el monólogo dondequiera que esté enjaulado el último de la fila del Paraíso (todo esto se puede leer en la envoltura de plástico de los periódicos)
Barataria, 2017

sábado, 24 de junio de 2017

FILTRACIÓN DE LO INSOMNE

Pintura de Gerhard Richter, Imagen cogida de Pinterest





FILTRACIÓN DE LO INSOMNE




En esta infancia sin juguetes invento mi propio pasado: invento lo vivo para desafiar la melancolía me salgo de las cloacas y de esa enfermedad asexuada de la Esperanza creo que sólo es cuestión de tiempo para calmar la indiferencia de la proximidad romper las palabras de la zarza derrumbar o renunciar a los ídolos a esa humillación repetida a la que nos someten los vacíos las inscripciones de la pesadumbre en los esqueletos los dibujos animados de la ponzoña no es extraño un sudario o una escalera de telarañas para subir al cielo y conquistar esa armadura indivisible: el suicida siempre elige a su víctima entonces la muerte no es algo comestible uno se puede adiestrar en su retórica cobrar vida de zopilote o de cadáver las ambigüedades son múltiples y hasta donde sé carecen de antídotos miro el torpe vuelo de las moscas en derredor mío jadean desde siempre en mi ventana leen las aceras donde mudamos de piel transitan y sobreviven en la madriguera de la lluvia (Debo confesar mi ansiedad y esta locura desmedida de apedrear el infinito descubro que soy lo que no existe y aun existiendo no existo en los extremos inasibles de las degolladuras el presente siglo desafinado en la salmuera supongo que todas las palabras se hacen de olvidos del espejismo incesante de los anzuelos o del monólogo aquel cuando alcancé la adolescencia y el dolor se hizo como otra mano en mi cuerpo)
Barataria, 2017

jueves, 22 de junio de 2017

DUREZA DE LO POSTRERO

Imagen cogida de la red





DUREZA DE LO POSTRERO




Cada vez son mayores las distancias de los ecos sepultados: entre la respiración y la impaciencia  el ruido de bisagras desgastadas por el tiempo fenecido y ese tenue vegetal de pájaro desnudo en medio de cuerpos desangrados la tormenta ya es un débil recuerdo solo un rastro de pez en los párpados o un gris cóncavo en el centro del despojo ante el polvo nos asedian huéspedes: los trenes abatidos del cierzo y el guijarro corpóreo de los estambres no sé si todo dura o desemboca en el río de frío de algún espejo que declina en el umbral ante el latir del absoluto el doblez del barro y su extensa pulcritud de residuos en realidad nada queda de los años sino el candil de los remordimientos y los viajes ahogados en la garganta parece que la memoria libra muchas batallas sin sentido:  hurga más allá del horizonte más allá de la hoja caída disuelta en el vacío

Todo lo deshace la tierra aunque uno dure una eternidad: ninguna inclemencia es benigna y menos entre ídolos y lianas y las aguas oscuras de los sueños después uno se da cuenta del por qué tienen sentido las funerarias…
Barataria, 2017

miércoles, 21 de junio de 2017

NEGACIÓN DE VACÍOS

Pintura de Omar Barquet, cogida de Pinterest






NEGACIÓN DE VACÍOS




Todos los zaguanes se hunden en el bostezo de extraños umbrales
y en el titubeo que retumba de miopías. Al mismo tiempo se niegan
los senderos cansados del vacío: uno se harta de los cementerios prolongados
del sueño, de lo irremediable que resultan ciertas laceraciones,
de lo amargo del eco que aprieta el paladar,
de lo odioso de las cruces de fuego en la humedad inevitable
de una lágrima. Hay distancias y relojes que uno desea olvidar.

En los úteros convocados, el calostro sin país, salvo el caracol de la congoja,
esa miseria generosa e insolente que rompe las arterias,
los charcos de silencio y desesperación, las calles sin evadirse y su torrente
de parábola de muerte y su insonoro candil de vacíos.

Al pie de tantos ojos sin nombre, los amarillos torrentes de los taladros,
o esas rejas donde despierta el alba.

Ya de los trajes de herrumbre y sed me desangro en el costado.
Ya de los engaños, una tropa de lamentos y muchos caminos destruidos.

Desespera la brasa del amor, se abren en espiral los sonambulismos.

La vida, ayer como hoy, es un chorro de desamparos entre paréntesis;
no se encienden las señales, sino los cascos de hedor y asfixia,
el grito sin tregua como un caballo de ecos tendido sobre las vértebras.

Me resisto a los andamios del asco y tal, Miguel Hernández,
sólo quiero quedarme con la Esperanza, con su llamita de agua encendida,
y su rosa de júbilo, así sea sobre la piedra y los nudos que trascienden al cardo.

Me niego a ser mamífero en la soñolienta pizarra de los zopilotes.
De un lado, los dientes y su arista de pórtico nutrido;
de otro, los maniquíes y sus cartílagos de poliéster y los altares de oración,
la ruta cercana a los disturbios del hambre, en punitivas voces de antropofagia,
o en lechosos evangelios que subliman la súplica.

Me niego a los bautizos taciturnos de las osamentas y al territorio
monocorde de ciertas homilías, a los neumáticos ahogados en el aliento,
al galope de bulimia ennegrecida:
uno lleva a flor de piel el cordero de la vigilia, la virginidad que atraviesa
cobijas y nos seduce en los paralelos de los muslos.

Hombre o mujer montan en el oficio del trópico y transfiguran su cuerpo
en ventanas inasibles, en nombres donde se incineran cadáveres,
en cascos de derretidos litorales o en morgues nauseabundas.

En la vida civil se ven las municiones de neblina y la práctica de la acupuntura
para entrar al mundo verdadero de la memoria.

Me niego a morir siempre en medio del saqueo en la estampida de la ciudad
dividida, o amordazada, o quejumbrosas de onomatopeyas y grafiti.

En la esquina, los incesantes martillos en extrema avidez.

No puedo responder a cuanto me entristece: las ansias conyugales
del escombro, la escoria en perpetuo movimiento de la historia,
esas mareas pobladas de errantes aguas, el presente de indefensos crucifijos.

Ni siquiera el ajo o el vinagre hacen lo suyo.
Ni siquiera esta caverna húmeda de pájaros y cóleras perpetuas.
Ni siquiera la tolerancia que no deja de ser un vilano indescifrable.

Ya cuando nadie padezca de sonambulismos, podrás sonrojar
aunque sea en otoño, en medio de esas otras bocas del tiempo. Y reír.

Y reír en primera o segunda fila.
Y reír en los rincones infinitos del espejo.
Y reír enseñando lengua y dientes.
Y reír del amor y sus búhos lechosos.
Y reír.
Reír.
Barataria, 2017