domingo, 21 de mayo de 2017

A INMEDIACIONES DEL SILENCIO

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A INMEDIACIONES DEL SILENCIO




En las inmediaciones del silencio, los ecos de las calles enloquecidas
de miedo, y apenas la luz en su harén de sombras.

El espejo de niebla entre las pupilas y la desesperación a cuestas
como almohada de ojeras en el intenso rito de los nichos de la deshora.

Uno se queda atónito ante los minutos de la impaciencia.

En las esquinas de algún lugar son inevitables los pecados, la ebriedad
hundida entre dentaduras, entre candelabros cuya cadencia nos remite
a predestinadas reumas: la noche es así cuando acecha desde su útero.

El silencio es fiero cuando se convierte en hangar,
cuando deja de ser palabra, y se torna golpe enfurecido.

En estas inmediaciones nos interrumpen las luciérnagas deshaciéndose
en ríos de ahogo hasta hacer su nido en las sienes.

A veces es tarde cuando zumba la sed de las semanas: callan los calambres
de las imposturas, y también los adoquines que conducen feligresías.

Desde luego sigue el goteo con su grieta implacable.

De uno u otro lado no existen relojes mágicos, ni desahorcados,
sólo la huasanga de desesperación de los engendros paridos por la tierra.

A veces nos persuade hasta la embriaguez este desquicio del martirio.
Tacto y nariz, conocen la dureza extendida de la acidez.

Todo es elocuente cuando se desploman puertas y manos y memoria.
Al cabo me quedo, me disuelvo en la amalgama de cabezas de la noche.
Barataria, 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

TRAVESÍAS SUMERGIDAS

Imagen cogida de la red





TRAVESÍAS SUMERGIDAS




Mientras le quitamos los ronquidos a la memoria, el ojo lee los agujeros
de las sombras, la estación que nos arrulla los brazos.
Siempre son idénticos los zambullidos del respiro, al agobio de los mareos
que producen los objetos cuando piensa en lejanías o el incienso.

Sobre la ventana de los desembarcos, adentro, la tirantez de lo asqueado,
los rastros agrios de la perversidad, las muecas extendidas de las pócimas.

Allí, en las manchas de lápices de las aceras, los variados trajes
de los espectros, quizá algún alarido de silencios,
quizá el alfabeto de los clavos atenazando las palabras del cielo.

A través de travesías sumergidas, la respiración de la distancias me da
el horror de mi itinerario extraviado, o el retrato fenecido de las ventanas.

Aúllan los minutos sacudidos por el hambre y las feligresías despobladas.

Hay quien desea tener de reliquia un vagón de telarañas.

(Yo me conformo, apenas, con la mueca de tu ombligo, con existir
entre lenguas de ceniza, atragantado de demonios.)

Todo avanza en las profundidades del jengibre, la lengua de los naipes boca
abajo, los desiertos de rapiña, las ojeras puntudas de los simulacros.

Ante lo inmenso de cualquier porvenir, avanzan legiones de alquimistas.
Además de las sombras enroscadas de los recuerdos, el cielo raso
de los féretros, la ubre de los muertos, la hojas torcidas de la mudez.
Ya al punto de saltar la travesía, me ahogan los pespuntes de lo incierto.
Barataria, 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

UMBRAL

Fotografía de ERIKA MORILLO





UMBRAL




Allí, en el umbral de la puerta, la madera arrugada del sigilo, el dintel
y su interminable ojo de fuerza. Y su imagen de claustro desafiante.
Casi el fuego semienterrado del destino y la dimensión del pulso,
los destinos diluidos en las quejas,
o la sombra desdibujada del aliento, o los miedos agolpados en la sangre.

De una noche a otra soñamos con los olvidos.

En la profundidad de la palpitación, hay tardíos páramos y oscuros techos,
caminos que esperan ceñidos al entrecejo, ausencias que quieren revivir.

Para cruzar el desvarío del polvo, hay que recoger, primero, los vestigios
del granito y mirar hacia lo invisible del tiempo.

Hay pedazos de extravíos en las pupilas y enmohecidas diafanidades.

Llaves y ojos protagonizan las empuñaduras, gruñen de idéntico moho.
Cuelgan guijarros de las palabras, detrás, máscaras lunares.

El aliento amargo de colillas salta con su dentadura de furia.

En el calor de mis brazos, las cacofonías de una risa fosforescente;
mientras pienso en muletas simuladas, las apariencias tiradas de un puntapié.
Uno devuelve la mirada en cuanto puede hasta llegar al fondo
de lo imponderable, de las paredes disecadas de las semanas.

De cada paisaje resbalan piedras y caballos de enloquecidos cascos.

(De aquel umbral y sus vestimentas, sólo el tren de la memoria endurecida
de moscas, sólo el escupitajo disuelto en las aceras.
Alrededor de mi olfato, los kilómetros de ronquidos del recuerdo.)
Barataria, 2017

lunes, 15 de mayo de 2017

RECONSTRUCCIÓN DEL AIRE

Imagen cogida de la red





RECONSTRUCCIÓN DEL AIRE




Desde el cuello de los caracoles reconstruimos el aire de la humareda,
los somníferos para olvidarnos de las úlceras de las semanas.
Siempre uno debe fingir para escabullirse del cúmulo de los semáforos,
quitarle las astillas a la noche, arrastrar puertos empuñando las manos,
husmear el sigilo, aletear junto a alguna puerta.

Todos los pensamientos se deshacen en los huecos del grito.

Resuena el absoluto con sus grilletes de lívidos espectros: tanta miseria
abulta las encías y hace de la luz, modorra presentida.

En el vaivén de la lágrima, triste la cobija de las palabras, las manos todavía
sin pronunciarse, los brazos quedados en el respiro de la ventana.

Agotada la faena y gastado el rostro, el silencio y el cuerpo pétreo.

Cerrado el ímpetu habrá que morder la hoja enceguecida del ombligo,
respirar allí, la dentadura del deseo,
la religiosidad de los imanes, el húmedo espejo de los imaginarios.

Arrojados al resumidero de la noche, habrá que rehacer el espinazo del aire,
quizá hasta la piedad en medio de tanta telaraña,
quizá hasta las mandíbulas para suprimir el titubeo de la hojarasca.

Del otro lado de lo invisible, es posible deshacer el puñado de moscas
y proseguir aun goteando de dudas. Y ver la extremidad de los espectros.

Al límite con la desnudez de la tierra, viene el cuerpo y su desapego.
Aquí, leve la hoja y el caballito de madera oscurecido de tacto por el tiempo.
Barataria, 2017

domingo, 14 de mayo de 2017

ESCORIA ENTRE DIENTES

Imagen cogida de Printerest





ESCORIA ENTRE DIENTES




Conozco la escoria que se desmenuza entre los dientes, la ropa vacía
de alguna lágrima, los zapatos de polvo en calles oscuras.
Además de las oscuranas, alguien trafica con la noche, mastica tabaco
y palabrea desmochados pájaros.

Soy solo un animal que indaga entre la maleza y advierte sus temores.

Para el tiempo desconocido soy labriego de mundos: el infierno es apenas
ese disfraz aburrido de muchos deslaves.
Por cierto, en el aliento se enrollan  bufandas de aire y cautivos letargos.
Ignoro qué dicen los trapos viejos cuando susurran al oído.

En el tórax se tullen las miserias sin posibilidades de persianas.

Hacia alguna cortina de ceniza, el ladrido de la nostalgia como eco ahogado.
Siempre en los huecos hay sonidos imperecederos.
En la sal, el conjuro creciente de las estatuas, la rama oscura de alguna
campana, la hipnosis podrida de las telarañas.

Ya he perdido, por cierto, la cuenta de los meses y los pies que arrastran
mi sombra y los oídos que me explican el sustento y mi otro nacimiento.

Empiezo a desatarme los nudos de mi laberinto.
Aprieto el ala de mis osamentas, los pantalones rotos de los golpes.

Uno nunca sabe hasta dónde llegan las torceduras de los senderos,
ni hasta qué edad se puede andar descalzo, entre tantos guijarros y agujeros.

A estas alturas debo estar loco, loco pacífico, claro. Creciente de infinito.
Barataria, 2017